Una familia que crece en comunidad con Fe y Alegría

Una familia que crece en comunidad con Fe y Alegría

Son casi las diez de la mañana y a la puerta de la Escuela Fe y Alegría Tulcán, empiezan a llegar poco a poco madres y padres de familias, con un caluroso saludo se dan la bienvenida para ingresar al aula que los acogerá en este encuentro. Son más de 20 personas las que se reúnen cada mes para compartir un nuevo espacio de Diálogo de Saberes. Entre ellas se encuentra Tatiana Criollo, madre de dos niñas; Anahí de sexto grado y Renata de segundo. Ella ha encontrado un espacio donde su vida y la de su familia  se ha visto fortalecida. 

 

 

Tatiana de 36 años, conoció Fe y Alegría gracias a su esposo, Jimmy Chamorro, quien estudió en esta escuela. Aunque ella asistió a otra institución, siempre tuvo conocimiento de la escuelita. Esta cercanía y el buen testimonio de su esposo sobre la calidad de la educación y el ambiente familiar en Fe y Alegría, la motivaron a inscribir a sus dos hijas en la misma escuela. La Escuela de Educación Básica Fe y Alegría Tulcán, se encuentra entre las calles San Francisco y Adolfo Becker de la ciudad y desde el 15 de enero de 1986 ha ido creciendo poco a poco gracias al apoyo de las familias que han construido con sus manos varias de las aulas en las que estudian 199 niños y niñas de Inicial 2 y de primero a séptimo de Educación General Básica.

Ella y su esposo llevan una vida ocupada. Tatiana trabaja en el servicio doméstico, arreglando casas en el vecindario. Su día comienza temprano, dejando a Anahí y Renata en la escuela antes de dirigirse a su trabajo. Jimmy, por su parte, trabaja en una compañía de taxis con horarios rotativos, lo que implica una gran coordinación familiar para asegurar que las niñas siempre estén acompañadas. «A veces, cuando no podemos recogerlas nosotros, mi mamá o mi suegra nos ayudan,» comenta agradecida por el apoyo de su familia.

A pesar de sus ocupaciones y horarios, Tatiana ha sido una participante activa en el «Diálogo de Saberes» desde que su hija mayor, Anahí, ingresó al primer grado. Esta propuesta le ha permitido aprender y crecer, no solo como madre, sino también como miembro activo de su comunidad. «Nos invitaron hace unos cinco años, y desde entonces he aprendido mucho sobre valores, diálogo y cómo ser mejor amiga de mis hijas,» dice con una sonrisa.

«Diálogo de Saberes» es una propuesta que se implementa en Fe y Alegría desde el año 2018. A través de esta estrategia se busca fortalecer las relaciones familiares, valorando los saberes de las familias y promoviendo la participación activa en el proceso educativo. Aunque estos espacios nacieron con la intención de qué familias de niños, niñas y jóvenes con diversidad funcional puedan acompañarse, cuidarse y compartir sus saberes entre ellos. Tatiana describe estos encuentros como momentos de aprendizaje y diversión. «Bailamos, cantamos, jugamos y también aprendemos. No es solo escuchar charlas; es una experiencia interactiva y enriquecedora.»

 

 

La participación en Fe y Alegría y en «Diálogo de Saberes» ha tenido un impacto significativo en la vida de Tatiana y su familia. Sus hijas, Anahí y Renata, han crecido en un entorno que promueve el aprendizaje individual y colectivo. Anahí, quien ahora es tesorera del Consejo Estudiantil y miembro del Movimiento Infantil Fe y Alegría, MIFA, ha desarrollado habilidades de liderazgo y comunicación. «Me llena de orgullo ver cómo mis hijas crecen y se desarrollan gracias a los espacios dentro y fuera del aula,» afirma Tatiana. 

Uno de los momentos más memorables para la familia fue el Campamento Nacional de Familias del 2023 en Checa, donde se reunieron varias escuelas de Fe y Alegría. Tatiana describe esta experiencia como enriquecedora y conmovedora, especialmente al ver la dedicación de otras madres con niños con necesidades especiales. «Nos conmovió ver la paciencia y el amor con el que las profesoras y las madres trataban a los niños,» comenta. Bajo esta experiencia ella invita a otras familias a unirse y participar en el «Diálogo de Saberes», «Es una experiencia que no defrauda. Aprendemos, nos divertimos y crecemos juntos,» asegura. 

 

Tatiana también recuerda con cariño un campamento del MIFA en Otavalo, donde asistió con su hija menor. «Fue una experiencia maravillosa, aunque desafiante, especialmente al cocinar bajo la lluvia,» dice riendo. Estos momentos han dejado una huella imborrable en su vida y han reforzado su sentido de comunidad y pertenencia.  Para Tatiana, Fe y Alegría ha sido mucho más que una escuela; ha sido un agente de transformación en su vida y en la de su familia. «Nos ha enseñado que sí se puede salir adelante, que con esfuerzo y dedicación podemos superar las dificultades» afirma. Los valores inculcados y las experiencias vividas han fortalecido a Tatiana y Jimmy en su papel como padres, permitiéndoles apoyar a sus hijas en su desarrollo integral. Para ella, Fe y Alegría no solo ha sido una escuela para sus hijas, sino un pilar de apoyo y crecimiento para toda la familia.

Ella sueña con un futuro brillante para sus hijas. Anahí desea ser doctora, mientras que Renata sueña con ser profesora, y de la mano de su esposo, están comprometidos a apoyar estos sueños, asegurándose de que sus hijas tengan todas las oportunidades para alcanzar sus metas. «Queremos estar siempre a su lado, apoyándolas en todo lo que decidan hacer,» dice con determinación.

 

Tatiana Criollo es un testimonio vivo de cómo la educación y la comunidad pueden brindar herramientas para que las personas sean protagonistas de su propia transformación. Su historia es un ejemplo de resiliencia, aprendizaje y amor, y refleja el espíritu de Fe y Alegría en su misión de educar humanizando el corazón para la libertad y la justicia para todos y todas.